martes, 6 de septiembre de 2016

POESÍA LATINOAMERICANA: DEL PORMENOR Y LA INMENSIDAD: EDUARDO ESPINA Y EL LENGUAJE EN SUS MANOS


DEL PORMENOR Y DE LA INMENSIDAD: 

EDUARDO ESPINA
Y EL LENGUAJE EN SUS MANOS 


          

Se suele decir que Eduardo Espina en un maestro consumado de la sintaxis, un experto en la taracea de la frase poética. Nadie en el idioma español tiene su agilidad verbal, su dominio de la lengua. Se le ha querido vincular a los poetas pertenecientes a la famosa revista L=A=N=G=U=A=G=E poets de finales de los años 60 y principios de los 70, pero su obra se arrima desde sus inicios a una herencia clásica, abundante y fértil.  Admirador de Julio Herrera y Reissig, lector empedernido de poesía en un buen puñado de lenguas,[1] declarado seguidor del Peñarol, del cómico Roberto Barry, columnista en el diario El  Observador de Montevideo desde el año 1994, amante de la buena cerveza, de los amigos y del rock and roll, Eduardo Espina es por encima de todo un portentoso observador del suceso inmediato, de lo que sucede en la urgencia del instante. De ahí que su poesía se fundamente en el detalle, en el pormenor. A partir de ese momento la lengua se encarga del resto, exprimiendo todas y cada una de las palabras, hasta un final poético de enorme efectividad intelectual y emocional.


Él mismo define su poesía de acuerdo a la furia, la pasión y el exceso, es decir, poesía de tinte y estambre barroco. Forma parte (aunque hablar de partes es poco particular) de esa generación de escritores denominados neobarrocos. Como bien se sabe, el término procede de Severo Sarduy y su análisis de la obra de Lezama Lima. En esa dirección no vamos a encontrar a Eduardo Espina. Tendremos que buscarlo en un estela de nombres que bajo el término se agrupan con un ánimo similar de desafío. Poetas como Néstor Perlongher, Roberto Echavarren, José Kozer, Arturo Carrera, Mirko Laurer son inmejorables ejemplos. Ahí se mueve Eduardo Espina como pez en un poema de agua y océano perpetuo.

Presente en más de cuarenta antologías internacionales, ganador dos veces del premio nacional de ensayo en Uruguay, de la beca Guggenheim en poesía, autor de libros editados en México, en Argentina, en Chile, en Uruguay, traducido a siete idiomas, catedrático de poesía en la Universidad de Texas A&M (College Station)… pero en España todavía no hemos tenido a bien -no sé si olvido, ignorancia o lejanía- editar ninguno de sus libros. Tamaño despropósito tendrá en breve merecida  enmienda, pues la editorial Amargord de Madrid tiene previsto publicar su libro Mañana la mente puede, que cierra la trilogía “Deslenguaje”, compuesta además por los poemarios La caza nupcial (1992) y El cutis patrio (2006).

Mañana la mente puede. La poesía para Espina es una actividad mental. La emoción es una añadidura, un efecto de los afectos como gustaba decir, juego verbal, al tacitista Álamos de Barrientos. También es una poesía guiada por el azar: el azar es el origen de todo, el accidente y sus secuelas. En esto también su herencia clásica es evidente. La diosa Fortuna sabe de lo que hablo. Por eso creo necesario situar a Espina en coordenadas de mayor alcance. Todos sus versos tienen dimensión idéntica, como renglones sangrados en una página que impone su margen. La digresión, el fragmento, la monstruosidad, la sintaxis en búsqueda de salidas, la trascendencia religiosa y el erotismo, el humor, el juego conceptual de las palabras, el diálogo intertextual, la mixtura de cualquier tejido moral, artístico, intelectual, afectivo... Y la sorpresa, la necesidad de un efecto contundente. Todo eso es la poesía de Espina, y en esos telares se le reconoce como uno de los mejores poetas latinoamericanos. Pero yo querría intentar una pequeña deriva hacia los clásicos. Se ha insistido mucho, como buen neobarroco, en su diálogo con Quevedo, con Góngora, con el Gracián de la agudeza del ingenio. La burla es una rebelión contra el orden, incluido el sintáctico. Me gustaría recordar aquí la tradición de la fatrasie, del siglo XIII, una estrofa de once versos isométricos en la que se realizan todas las posibles rupturas del sentido. Se juega con construcciones sintácticas carentes de toda coherencia semántica. Así, por ejemplo, de un sujeto se predican acciones imposibles desde el punto de vista lógico, y por otro lado, en el predicado los complementos son incompatibles con el núcleo verbal. Y las creaciones idiomáticas aparecen ya en los versos de Sebastián de Horozco, en las Cartas de Eugenio de Salazar, en las páginas del Guzmán de Alfarache. Citemos a Juan del Encina, Juan Rufo, Villalobos… La riqueza polisémica, el equívoco, el juego de palabras, las agudezas verbales, las festivas paranomasias y aliteraciones... Eduardo Espina, en definitiva. Y ¿de qué habla su poesía? La muerte, el exilio también como ejercicio de la memoria, el presente como voz ocasional, el acceso al mundo a través de la luz, la mirada como el principio de cualquier realidad, la cacería amorosa… La famosa Historia de Nastaglio degli  Onesti de Sandro Boticelli, aquella tetralogía pictórica que relata la destrucción del deseo por parte del caballero Guido, es una cacería amorosa. Eduardo Espina alcanza la cima en La caza nupcial (1992), una obra de la que Jacobo Sefamí ha dicho que es “uno de esos libros a los que hay que volver cada vez que se pueda”.[2] Y allí sigue.



El poema evoca, es decir, habla de lo que dejó de ser. La muerte recorre, como una estrella no fugaz sino duradera, su firmamento poético. Cada libro es diferente. Parece Espina guiado por una necesidad de ser distinto a sí mismo, pero los poemas son compactos, como si habláramos de un escultor en granito o en obsidiana. Oírle leer es algo grandioso. Podríamos hacerle heredero de la tradición oral del rapsoda venerado. Si uno siente satisfacción escuchando recitar a Dylan Thomas, la cadencia que sube y baja, tal que el conjuro del chamán o del druida, el recitado de Eduardo Espina parece venir de lejos, como si llegase provisto de ensalmos y avisos.  Nadie se pierda un recital de Espina. No es consejo, es prescripción, receta (https://www.youtube.com/watch?v=8XA5x7C8V00)

Es un poeta genial, de principio a fin. Le conozco desde hace unos años, pero tengo la extraña impresión de que leo sus poemas desde siempre. Un siempre casi ajeno al tiempo. La caza nupcial (1992), Coto de casa (1995), Lee un poco más despacio (1999), El cutis patrio (2006), la antología La imaginación invisible (2015)…[3] Esta antología ha sido publicada por Seix Barral en Montevideo y creo muy de veras que la editorial debería intentar su distribución en España. Una obra, en definitiva, que ha merecido estudios críticos, tesis doctorales, decenas de artículos y una significativa unanimidad en el elogio.[4] En este mayo del 2016 ha sido invitado al festival de poesía Twin Rivers International Poetry Week, en Suiyang, China, organizado por la Poetry Association. Suele afirmar Espina que escribe lo que le gustaría leer, lo cual es indicio claro de su calidad como lector.

 
Y el humor. El humor en Espina no es solo señal de perspicacia y talento. Es un atributo de su estar en las cosas, en las circunstancias. Si alguien oye a Espina contar que algo es raro, tenga por seguro que en ese instante empieza toda una historia que desemboca en la carcajada, en el regocijo, en el gesto risueño. La anomalía que se inicia en cualquier situación cotidiana se trasciende en el verso, en el poema, en la obra. En su relación con el mundo. Espina, sobrado como siempre de ingenio, define su poesía como barrococó. Pienso proponerle el nombre de barrocanroll, pues su poesía va en aumento, crece como un par de guitarras que aúllan y una percusión que azota el aire. Creo que los dos estuvimos, sin conocernos, en un concierto de Lou Reed en Boston. Y tiene una camisa rockera que me la ha prometido cuando vaya a tirarla a la basura. Y también una reflexión sobre un cementerio en Vermont.

“Objetos sin consecuencias (Algunos de los años inaccesibles a la duración)” es un poema memorable de su aún inédito libro Todo lo que ha sido para siempre una sola vez. Lo leo recurrentemente, como ejercicio de higiene poética. Allí Espina define la muerte como “un durar diferente”. Su poesía durará. Es una seguridad tan absoluta como necesaria.






[1] Es co-editor de las revistas de poesía Hispanic Poetry Review y S/N. New World Poetics.
[2] Jacobo Sefamí. “Eduardo Espina: la reinvención del lenguaje poético (el spinning del barrococó)”. En Eduardo Espina. “La imaginación invisible. Antología (1982-2015). Montevideo: Seix Barral, 2015. 17.
[3] Niebla de Pianos. Buenos Aires: Ánfora Solar, 1975 (plaquette). Dadas las Circunstancias. Buenos Aires: Ánfora Solar, 1977 (plaquette). Valores Personales. Buenos Aires: La Máquina de Escribir, 1982. La caza nupcial. Buenos Aires: Último Reino, 1992. El oro y la liviandad del brillo. México: Universidad Autónoma Metropolitana, 1994. Coto de casa. México DF: Literatura Menor. 1995. Lee un poco más despacio. New York: Cantus Firmus, 1999. Mínimo de mundo visible. Guadalajara: Filodecaballos, 2003. El cutis patrio. México: Aldus, 2006. La imaginación invisible. Antología (1982-2015). Montevideo: Seix Barral, 2015, que incluye poemas de sus obras inéditas Mañana la mente puede y Todo lo que ha sido para siempre una sola vez (Poemas a partir de la muerte del padre y de la madre).
[4] Rosalinda Aregullín. Neobarroco y erotismo en la poesía de Eduardo Espina y Néstor Perlongher (tesis doctoral leída en 2010 en Texas A&M University). Carlos Cuadra. El cuerpo y la oscuridad en tres escritores contemporáneos: Virgilio Piñera, Félix de Azúa y Eduardo Espina (tesis doctoral de University of Colorado at Boulder, leída en 1999). José Homero Hernández. Eduardo Espina. La escritura monstruosa (tesis doctoral de la Universidad Veracruzana leída en 2006). Enrique Mallen. Poesía del lenguaje de T. S. Eliot a Eduardo Espina. México DF: Aldus, 2008.


6 comentarios:

  1. Amigos de La galla ciencia: un hermoso descubrimiento, o dos: de la revista y del artículo sobre el viejo amigo uruguayo Eduardo Espina. Claro que su poesía durará, superará la coyuntura. Pero, lo pienso ahora, lo que importa es que existe y consiste, es una realidad. Y, lo más importante, que podemos dialogar con ella cada vez que la leemos. Gracias. Un saludo desde Argentina.

    ResponderEliminar
  2. Decir que la poesía de Eduardo Espina (Uruguay, 1954) es la más inteligente y su estilo el más original de la lengua española actual son generalizaciones que ( a mi juicio) no sólo traen a cuento la valía, el deleite y la sorpresa constantes de su genio, sino su valiente descenso a los fondos más esquivos de la existencia, a los temblores sin nombre que nos tocan y revuelcan de sueño en sueño - de tragedia en tragedia. Y todo, entreteniendo los tics y los paréntesis que nos inventan ahora mismo desde tiempo inmemorial, con maneras de maneras verbales a un tiempo límpidas y arriesgadas. Pero siempre, increíblemente, conservando una íntima, inderrumbable humanidad.

    ResponderEliminar
  3. Eduardo Espina es un reconocido y respetado poeta neobarroco. Sus experimentos con el lenguaje y los contextos lingüísticos son altamente creativos, lo cual permite a los lectores llegar a diferentes dimensiones y experiencias de lectura en cada verso y en cada poema. Para los lectores no iniciados en la poesía de Espina, recomiendo que lean los ensayos dedicados al neobarroco y a este poeta, de los académicos Enrique Mallén y Pablo de Cuba Soria.

    ResponderEliminar
  4. Eduardo Espina es un observador genial de los rascacielos en cada frase, cada palabra. Quiero decir que el construye maravillas arquitectonicas en cada verso de su poesia que no llamaria neobarroca sino, mas bien Espinola... una isla unica en el lenguaje. Indran Amirthanayagam

    ResponderEliminar
  5. De una imaginación ciertamente visible, singularísima, la obra poética de Eduardo Espina se instaura como una de las más innovadoras de los últimos años en Hispanoamérica, trascendiendo clasificaciones y encasillamientos quizás vanos, porque la suya es una poesía donde el verbo se consuma y en cuyos versos con naturalidad cabe todo, y magistralmente todo es posible.

    ResponderEliminar
  6. Muy buen artículo sobre Espina y realmente bien interesante. Dónde puedo conseguir sus libros?. Muchas gracias

    ResponderEliminar